Tu falso ser (tu ego) y tu Ser Interno están en oposición. No están por tanto en comunicación ni jamás lo podrán estar.

Aprender y enseñar son los mayores recursos de que dispones ahora porque te permiten cambiar de mentalidad y ayudar a otros a hacer lo mismo.
Todo buen maestro espera impartir a sus estudiantes tanto de lo que él mismo ha aprendido, que algún día dejen de necesitarle.

Los egos pueden chocar en cualquier situación, pero es imposible que el espíritu choque en absoluto.

Si percibes a un Maestro como “un ego más grande” sentirás miedo, ya que agrandar un ego es aumentar la ansiedad que produce la separación.
Enseñaré contigo y viviré contigo si estas de acuerdo en pensar conmigo, pero mi objetivo siempre será eximirte finalmente de la necesidad de un maestro. Esto es lo opuesto al objetivo del maestro que se deja guiar por el ego.

El que enseñes o aprendas no establece tu valía.

Tu valía la estableció Dios.

Mientras sigas oponiéndote a esto, todo lo que hagas te dará miedo. Sobre todo aquellas situaciones en las que tiendas a apoyar la creencia en la superioridad o la inferioridad.

Los maestros deben tener paciencia y repetir las lecciones que enseñan hasta que estas se aprendan. Yo estoy dispuesto a hacer esto porque no tengo derecho a fijar los límites de tu aprendizaje por ti. Una vez más nada de lo que deseas, piensas o haces es necesario para establecer tu valía.
Tu ego nunca está en entredicho porque Dios no lo creó.

Tu espíritu no está nunca en entredicho porque Él lo creó.

El ego trata de explotar todas las situaciones a fin de vanagloriarse, a fin de superar sus propias dudas.
Dios no es el autor de tu miedo, sino tú.

Has decidido el crear en forma diferente a como crea Él, y por tanto has hecho posible el que puedas tener miedo.
No estas en paz porque no estás desempeñando tu función.

Alcanzar a Dios es inevitable y tu no puedes eludirlo, de la misma manera que Él no te puede eludir a ti.

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